
En el curso del cauce del Aguasvivas se ha asentado una gran parte de la población de este territorio, formando pueblos situados en las laderas o tierras cercanas al río para aprovechar sus aguas y sus tierras fértiles.
La huerta de Lagata no se puede entender sin el río y el sistema de acequias, azudes y balsas. Los riegos están regulados por la costumbre y la tradición e históricamente han sido motivo de disputas entre vecinos y con pueblos cercanos.
La gran tradición de regadío en la cuenca del Aguasvivas
ha dado lugar a la fama entre los pueblos de la comarca de sus productos
que pueden dividirse en cultivos de verano y de invierno. Entre los
primeros alfalces (alfalfa), remolacha, tomates, alberges,
patatas, judías, higos, cerezas y sobre todo peras y manzanas.
Entre los cultivos de invierno acelga, col, borraja y cardos que enriquecían
la dieta y la economía familiar. Con los granos del panizo o
maíz se alimentaba a gallinas y tocinos y con su harina se cocinaban
farinetas y bollos.
La diferencia en la dieta entre los pueblos con huerta era notable,
pues en los pueblos de secano primaba la dieta de legumbres y en los
de huerta, la riqueza de sus cultivos hacía que la alimentación
fuese más variada.
El agua del río, regulada por la presa de Moneva, se distribuye
por medio de acequias madre, acequias y brazales hasta los huertos.
Mediante diversos ingenios como tajaderas, azudes o norias se mejora
y controla su distribución. Los hortelanos se agrupan el en Sindicato
de Riegos que organiza todos los riegos.
En la vega del río se encuentra el Prao, tierras de utilidad
pública y explotación municipal que servían para
pasto del ganado vacuno ya que en el caso de Lagata, éstos eran
los principales animales de labor, incluso más numerosos que
las caballerías. En el Prao estaba prohibido que pastaran las
ovejas.